lunes, 21 de marzo de 2011

"Ελληνικό Πάθος" Cap.11 HOT

Tres más tarde, Miley se montó en la limusina que la llevaría a la ceremonia de boda que la convertiría en la esposa de Nick Jonas.
Ezio Farretti le sonrió con halagadora admiración al verla con su traje de novia. A pesar de todo, se sentía muy sola, sin familia ni amigos que la apoyaran. Tampoco tenía nada de lo que, ingenuamente, había asociado a un acontecimiento tan importante.
Había pensado en llamar a sus padres para darles la noticia de que se iba a casar, pero había cambiado de opinión cuando se le ocurrió que, naturalmente, sus padres querrían saber algo más de su relación con Nick. ¿Cómo iba a poder admitir que se casaba con un hombre al que conocía desde hacía menos de una semana? Tendría que esperar hasta que su matrimonio estuviera establecido antes de volver a reunirse con sus padres.

Durante tres días, no había hecho nada más que comprar, primero su traje de novia y luego ropa para su hijo y para ella que fuera adecuada para un clima más cálido. La había asustado mucho saber que Nick pensaba llevárselos al extranjero después de la ceremonia. Miley nunca había estado en el extranjero. De hecho, ni siquiera tenía pasaporte. Aquello era un detalle más de lo diferentes que eran dos mundos en los que los dos se movían.
Trató de apartar aquellos recuerdos y se colocó la falda del vestido para que no se arrugara en demasía antes de llegar a la iglesia. Deseaba desesperadamente estar muy hermosa para él. Aquel vestido color marfil la había cautivado desde el primer momento, aunque Nick le había dicho que eligiera algo tradicional. Miley sospechaba que un vestido que recordaba vagamente a la época medieval no era exactamente en lo que él había estado pensando.
El traje se componía de un corpiño de seda, adornado con mangas largas y en forma de pico. La tela del cuerpo iba adornada con unos exquisitos bordados dorados. El vestido se le ceñía bien a su estrecha cintura y la falda era larga y elegante. Se había colocado una fabulosa tiara de zafiros y diamantes sobre el cabello y llevaba unos pendientes a juego, que resultaban igualmente impresionantes. Las joyas eran parte del legado de los Jonas y se habían enviado especialmente desde la Toscana, dado que Nick había pedido especialmente que se las pusiera. Había tenido que atarse los pendientes con un hilo, dado que no tenía agujeros en las orejas. Como la aterrorizaba perder unas joyas tan valiosas, se tocaba constantemente para asegurarse de que todavía seguían en su sitio.

De hecho, los nervios eran más fuertes de lo que se había imaginado en un principio. Nick había estado en el extranjero y solo había hablado con él por teléfono en los días anteriores a la boda. De hecho, había creído que la boda terminaría por cancelarse. El mismo día que había accedido a casarse con Nick, él había salido de viaje a Estocolmo antes de ir a Florencia para visitar a su madre. Nick había esperado que la anciana lo acompañara a Londres para asistir a su boda, pero Alice Jonas se había sentido demasiado débil para hacer un viaje tan largo.

—Te iba a haber hecho venir a Florencia para que os conocierais —la había informado Nick por teléfono, veinticuatro horas antes, al empezar la conversación en la que le iba a decir que no podía regresar aquella noche como había prometido—, pero ella tenía palpitaciones y tuve que llamar al médico. Le ha recetado un reposo absoluto.
Miley había sospechado que su futura suegra se habría sentido horrorizada de que su único hijo estuviera a punto de casarse con una desconocida, que, además, era madre soltera y que no contaba con los ilustres orígenes de la familia Jonas. Sin embargo, había preferido guardar silencio.

—¿Cómo es la señora Jonas? —le había preguntado a Ezio.
—Una mujer excelente, pero está muy enferma.
—Tal vez la boda tendrá que ser cancelada —había comentado Miley.
—La señora Jonas tiene una gran habilidad para escapar de las puertas de la muerte. De hecho, no me sorprendería si nos sobrevive a todos.
A medida que la limusina se iba acercando a la iglesia, Miley se sorprendió mucho al ver la gran cantidad de coches que había aparcados en los alrededores. Probablemente se debía a que había una boda antes de la suya y, por alguna razón, había sufrido algún retraso. Sin poder evitarlo, le preguntó a Ezio.
—Todas esas personas están invitadas a tu boda —le dijo el guardaespaldas.

¿Todos aquellos coches? Miley no se lo podía creer. Había dado por sentado que no habría invitados y que la ceremonia sería algo íntimo y privado. De hecho, ni Timmie iba a asistir. Mientras se bajaba de la limusina, vio que la multitud se acercaba a ella. Los guardias de seguridad empezaron a contener a los curiosos mientras una serie de agresivos fotógrafos la animaban a que mirara hacia sus objetivos. Si Ezio no la hubiera agarrado del brazo, se habría vuelto a meter en la limusina y le habría gritado al chofer que la llevara de nuevo a la casa.
Ya en el porche de la iglesia, miró fijamente a Ezio y le preguntó:

—¿Qué es lo que está pasando? ¿Quiénes son todas esas personas?
—Prensa.

—¿Por qué están tan interesados en nuestra boda?
—El hecho de que Nick se case es noticia. Nadie sabe quién eres tú y por eso se ha creado todo este revuelo.

En aquel momento, las puertas de la iglesia se abrieron de par en par y empezaron a sonar las notas de un órgano. Miley miró horrorizada al interior de la iglesia. Los bancos estaban repletos de invitados. Las cabezas de todos ellos se inclinaban sobre las de los demás con el afán de ver a la novia. De repente, el pánico se apoderó de Miley .
—¡No puedo hacer esto! ¡No puedo entrar en esa iglesia, sola, sin mi padre ni damas de honor! ¿Por qué no me advirtió Nick que sería así?
—Probablemente no se le ocurrió. No te preocupes. Lo harás muy bien.
Miley apreciaba mucho a Ezio. Vio que iba vestido muy elegantemente y decidió hacerle una petición muy especia!.
—Podrías ser tú el que me acompañara al altar... Así no parecería todo tan raro y yo no estaría sola.
—Será un honor para mí —dijo Ezio, con una sonrisa. Entonces, le ofreció el brazo—, pero recuerda que esta idea ha sido tuya y no mía.

Miley no se percató de si Nick se sorprendió al verla avanzar hacia el altar del brazo de su jefe de seguridad. Estaba demasiado nerviosa. Cuando llegó al lugar indicado, el sacerdote empezó a hablar. Entonces, miró a Nick y sintió que el corazón estaba a punto de salírsele del pecho. El momento en que él le colocó el anillo en el dedo le pareció el más hermoso, pero le hizo lamentar no haber pensado en preguntarle si a él también le habría gustado recibir un anillo.
De todos modos, habría tenido que pagarlo él también, como todo lo demás. Le dolía mucho que nada de lo que llevaba puesto en aquel día tan especial había sido pagado por ella. No tenía nada que Nick no le hubiera dado.
—Estás muy hermosa con ese vestido —dijo Nick , con una sonrisa de apreciación, mientras les hacían unas fotos en la escalinata de la iglesia.
Aquella sonrisa llenó a Miley de calidez y seguridad. Sin Nick a su lado, no habría podido aguantar todo aquello. Nunca antes había sido el centro de tantas miradas. De hecho, nunca se había imaginado que podría casarse con un hombre que atrajera tanta atención de los medios de comunicación. Entonces, tocó suavemente la alianza de oro como si fuera un talismán. Era la verdadera esposa de Nick Jonas.
Cuando por fin consiguieron meterse en la limusina y se marcharon de la iglesia, Miley pudo por fin hablar con él.

—¿Por qué no me dijiste que vendrían tantos invitados?'
—¿Y por qué no iba a ser así?
—Me dijiste que dejara a Timothy en casa, con Sarah...
—Pensé que sería más relajante para ti. Además, no creo que a Timothy le hubiera gustado verse lejos de su madre y rodeado de extraños.
En eso tenía razón, pero Miley no podía dejar de preguntarse si la exclusión del pequeño Timmie no se debería a cierto deseo por parte de Nick de que no se supiera que su esposa ya tenía un hijo y que este hijo no era suyo.
—Te equivocas —dijo Nick, de repente, mientras la miraba muy fijamente.
—¡Pero si no he dicho nada!
—No tienes que hacerlo. Una vez tuve que asistir a una boda en la que un niño lloraba continuamente. Me dejó una impresión muy duradera —bromeó Nick, mientras tomaba la mano de Miley, que ella había tenido agarrotada hasta entonces sobre el regazo—. Consideraré a Timothy como si fuera hijo mío y lo trataré en consecuencia. ¿Acaso no fue eso lo que te prometí?
—Sí... —susurró Miley, avergonzada de haber podido dudar de Nick.
—Si te beso ahora, te estropearé el maquillaje...
—¿Y qué importa el maquillaje?
Nick rió y acarició suavemente el cabello de su esposa. Entonces, la besó, con una pasión que despertó de nuevo el deseo en el cuerpo de Miley.
—Ya basta —gruñó, apartándose inmediatamente de ella—. Todavía nos queda el banquete, aunque yo no había pensado que nos quedáramos mucho tiempo.
—¿Un banquete?
—Alimentar a los invitados es un deber ineludible de los novios. Algunas veces, me pregunto si hemos crecido en el mismo planeta, cara.
—Es que no sabía que íbamos a tener una boda en toda regla.
—¿Y qué habías esperado?
—Que estaríamos solo nosotros.
—¿Solo nosotros? ¿No te parece que eso habría parecido algo raro? Dadas las circunstancias, lo último que yo querría sería que la gente pensara que hay algo raro en nuestro matrimonio.
—Entonces, ¿quién ha preparado todo esto?
—Mi personal.

Miley asintió apresuradamente al recibir aquella información, tratando de no parecer avergonzada por su propia ignorancia.
En el grandioso y exclusivo hotel en el que iba a tener lugar la recepción, Miley tuvo que darle la mano a un número incontable de personas. Más tarde, no recordaba el nombre ni la cara de una sola de ellas. Eran parientes de Nick, socios del mundo de los negocios y amigos personales. Durante la magnífica cena que se sirvió, gran parte de la conversación que se desarrollaba a su alrededor cambiaba del inglés al griego, Trató de no sentirse excluida. Evidentemente, aprender a hablar griego iba a ser una de sus prioridades. Sin embargo, la barrera del idioma la hizo sentirse la novia más sola del mundo.

—Voy a buscar un teléfono para llamar a Timothy —le dijo a Nick al oído.
—¿Llamar a Timothy? —le preguntó Nick, tras interrumpir la conversación que estaba teniendo en aquellos instantes.
Miley se sonrojó.
—Sí. Sarah podrá sujetarle el teléfono contra la oreja para que yo pueda hablar con él.
—Utiliza el mío —dijo él, sacándose un móvil del bolsillo.
—Ni siquiera sé cómo utilizarlo.
—Es muy sencillo.

Miley aceptó el teléfono y salió al vestíbulo para encontrar un lugar tranquilo desde el que poder hablar. Sin embargo, por muchos botones que apretaba, no podía hacer que aquel maldito teléfono funcionara. Solo conseguía que aparecieran palabras en la pantalla. Entonces, notó que, de hecho, eran las mismas palabras las que aparecían una y otra vez.
>>Te quiero. Llámame...<<
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Chica/os: Espero que les aya gustado el capitulo siento no haber podido subirles antes me quede dormida hoy y se me paso la hora. OMG este 26 de Marzo cumplimos un año juntas!!! no lo puedo creer ha pasado tan rapido el tiempo que apenas me lo creo! LAS AMO Y LOS AMO gracias por las que siguen fieles...y bueno gracias x todo y MIL gracias por los 96 seguidores!...

                                                               Varyy

sábado, 19 de marzo de 2011

"Ελληνικό Πάθος" Cap.10 HOT

De repente, una vocecita en el interior de la cabeza le recordó la posibilidad de que se hubiera vuelto a quedar embarazada. Adoraba a su hijo, pero en las circunstancias en las que estaba no podría con un segundo hijo. No obstante, suponía que Nick no la abandonaría como había hecho Justin. Ya le había dejado muy claro minutos antes que él no trataría a la madre de su hijo del modo en que su ex novio la había tratado a ella.
Sin embargo, había tanta tensión entre ellos... Sabía que ya no se sentía relajado cuando estaba junto a ella y todo era consecuencia de una noche de pasión. Lo había estropeado todo. Desde aquel momento, no había podido mirar a Nick a los ojos. La noche anterior, había sollozado y le había suplicado que le hiciera el amor. No podía olvidar aquel detalle. Había estado fuera de control, aunque sabía que aquello era algo que gustaba a la mayoría de los hombres.
Tras acostar a su hijo volvió de nuevo al salón. Se sentía como una gata sobre un tejado caliente. En cuando entró, Nick se volvió inmediatamente para mirarla.

—Cuando dije que nos íbamos a casar, no me estaba inventando ninguna historia, cara.
Miley no entendió lo que él le quería decir.
—Entonces... ¿qué era?
—La verdad de lo que vamos a hacer. No puedo decir que me sienta muy halagado de que hayas creído que yo mentiría sobre algo tan importante —añadió él, en un tono frío que hizo que el asombro de Miley fuera aún mayor—. Nos casaremos en cuanto pueda sacar la licencia.
Ella sintió como si las rodillas se le fueran a doblar. A continuación, lo miró a los ojos por primera vez aquel día. Tenía los ojos muy abiertos, sin entender qué era lo que estaba pasando.
—¿Me estás tomando el pelo?
—Tal vez, te haya dejado embarazada. Anoche me aproveché de ti —susurró Nick—. Eras muy vulnerable y debería haber guardado las distancias. Te llevé a mi cama porque quería...
—¡Eso no importa! ¡Y no te aprovechaste de mí! —protestó Miley, creyendo saber lo que él estaba a punto de decirle.
—Sexo. Solo quería sexo. Lo que sentía era algo tan primitivo como eso —confesó él.

Aquella afirmación destrozó a Miley. Había tratado de interrumpirlo porque había creído que iba a decir que era ella, personalmente, lo que había querido, pero no se había tratado de eso. La verdad era mucho más dolorosa. Cuando un hombre decía que solo buscaba sexo, era como decirle a una mujer que solo había sido el cuerpo que había encontrado más a mano.
Se sentía muy herida por aquellas palabras y deseó que Nick se lo hubiera pensado dos veces antes de decirle lo que sentía.
—Yo te deseaba a ti... solo a ti —confesó ella, desplomándose en el sofá más cercano.
Muy tarde, comprendió que aquellas palabras sólo hacían que su vergüenza fuera aún mayor.
—Lo sé —dijo él, dejando que aquellas palabras la atravesaran como crueles cuchillos—, pero debo ser sincero contigo, cara,
—No me llames así... sea lo que sea, se que significa. Utilizas esa palabra como si tuviera algún significado, pero no es así... Si es eso lo que piensas, ¿por qué has empezado a hablar sobre casarte conmigo?
—Me gustas, Miley , También me gusta Timothy. Creo que podría terminar sintiendo cariño por ti.
Miley quiso morirse en aquel mismo instante. ¿Cariño? El dolor que Nick le estaba ocasionando con aquellas palabras era muy superior al que Justin le había infligido. Tras oír todo aquello, se sentía más patética.
—Hasta hace relativamente poco tiempo, yo estaba prometido a otra mujer.

Aquella afirmación supuso otra bofetada en el rostro de Miley. Sin embargo, algo más fuerte que ella misma, la más poderosa curiosidad, la obligó a levantar la cabeza. En el rostro de Nick, no vio ninguna de las emociones que había esperado ver. De hecho, sus hermosos rasgos parecían estar grabados en piedra
— ¿Prometido?
—Yo terminé con la relación. Todo está terminado y forma ya parte del pasado —murmuró él—. Solo lo he mencionado porque, mientras estaba comprometido, me acostumbré a la idea de estar casado y sigo necesitando una esposa.
—¿Para qué? —preguntó Miley, sin poder evitarlo.
—Algún día, quiero tener una familia.
—Oh...
—También necesito una esposa para que se ocupe de los asuntos domésticos y reciba a familiares y amigos. Una esposa que trate de ser una hija para mi madre, que está muy enferma —dijo Nick, mucho más relajado hablando de cosas más prácticas—. Una esposa que me haga la vida más cómoda, porque ya he pasado la época de mi vida en la que me gusta pasar el tiempo, mejor dicho, desperdiciarlo con una gran variedad de mujeres.

Esperaba mucho de la mujer que se convirtiera en su esposa. Miley estaba segura de que ella nunca podría estar a la altura de tales requerimientos y se sorprendió de que él no se hubiera dado cuenta.
—Tú podrías aprender a ser la esposa que yo quiero —concluyó él—. Debes saber que tengo buenas razones aparte del riesgo de que te hayas quedado embarazada para hablarte de matrimonio.
—Seguramente nos estamos preocupando sobre una tontería...
—¿Tú crees? Eres joven y fértil y yo preferiría no tener que esperar a que haya pruebas de una cosa u otra —afirmó él—. Si esperamos y al final resulta que nace un nuevo niño, habrá personas que creerán que me vi obligado a casarme contigo. Eso sería muy humillante para ti.

La seguridad que Nick parecía tener de que la hubiera dejado embarazada asustó a Miley. Sin embargo, ¿cómo podría casarse con un hombre que no sentía nada por ella? ¿Significaba esa pregunta que estaba considerando su oferta? Por supuesto. Sabía que ni siquiera tenía que echar mano a los sentimientos que tenía por él para tomar aquella decisión. No tenía nada que ofrecerle a Timmie, pero como «Timothy» tendría una vida llena de oportunidades. Si se casaba con Nick a su hijo no le faltaría de nada. Tendría un hogar, amor, seguridad y un hombre dispuesto a ser su padre. A Nick le gustaban los niños. De hecho, tenía que reconocer que se había topado con la suerte el día en que se cayó delante de la limusina de Nick.

—¿Cuándo empezaste a pensar en todo esto? —preguntó ella, tratando de mostrarse tan lógica y tranquila como él.
—Diez minutos después de que te marcharas de mi dormitorio anoche —admitió Nick—, Nunca me he sentido tan culpable en toda mi vida.
—Gracias —susurró ella, con voz temblorosa.
Por primera vez, tuvo que esforzarse para evitar que las lágrimas se le derramaran.

—Yo cuidaré de ti y de tu hijo. Tú me necesitas y a mí me gusta sentirme necesitado. De hecho, estoy acostumbrado a sentirme necesitado.
—Podrías enamorarte locamente de otra mujer...
—Debes de estar bromeando —dijo Nick, con un tono de gélida repulsión.

Estaba muy seguro de sí mismo, confiado de que sabía todo lo que había que saber. Recordó la ansiedad constante que había sentido cuando luchaba por sobrevivir y se sintió reconfortada por la aplastante seguridad que él demostraba. ¿Cómo podía estar tan seguro de que ella no iba a rechazar aquella oferta?
Miley sentía algo muy especial por él y era incapaz de ocultarlo, por no mencionar también que no tenía ni casa ni dinero. Él era muy guapo y rico, un buen partido para alguien como ella. Su corazón le decía que debía rechazar de plano aquella oferta. ¿Acaso no estaba mal dejar que cometiera un error tan garrafal? No la amaba, casi no la conocía y, con el tiempo, tal vez llegaría a despreciarla por los errores que ella haría irremediablemente al tratar de adaptarse a su mundo. Sin embargo, Nick tenía razón en que podía aprender. Una parte de ella, de la que no estaba muy orgullosa, quería desesperadamente aceptar aquella oportunidad.

—No debería aceptar lo que me ofreces.
—Pero lo harás —dijo Nick, tomándola de las manos para que se levantara.
La repentina sonrisa que él le dedicó hizo que algo en su interior despertara lleno de excitación. El olor tan agradable, tan familiar que él desprendía le recordó sus anhelos pasados. El simple hecho de que estaba a pocos centímetros de ella la hacía temblar.
Nick la besó brevemente, del modo en que era un maestro. Entonces la soltó, a pesar de que Miley se había sentido dispuesta a aferrarse a él.
—Seremos muy convencionales y esperaremos a nuestra noche de bodas —decretó Nick, con voz firme.
Entonces, por primera vez, Miley se dio cuenta de que podía ansiar sus caricias como si fuera adicta a él y, al mismo, tiempo, querer rebelarse.
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Chic/os: Fin de la maraton subi 4 capitulos que conste mañana subo otro, espero que me comenten al menos dos personitas asi mi animo subita oh si mañana ams tareas y cosas por hacer uff terminare sacandome un ojo -literalmente- ahaha bueno ya es tarde y se me cierran los ojos solos D: estoy casanda y tengo el cuepro relajado, mi leche calientita me espera :B.
Los adoro y extraño los comentarios de mis lectoras que antes comentaban D,: diganme que estan ahi...que aun les gusta el blog :'(...no sean fantasmas, por que me siento NO querida...buh buh buh yayay yas quiero..

                Varyy

"Ελληνικό Πάθος" Cap.9 HOT

Tras despertar de un reparador descanso, Miley se incorporó en la cama. Con cada movimiento, sentía una serie de molestias en ciertas partes íntimas de su cuerpo que le recordaban su abandonado comportamiento de la noche anterior. Antes de que pudiera evitarlo, los ojos se le llenaron de lágrimas con la sombra del arrepentimiento.
La noche anterior, tras regresar del dormitorio de Nick, había cerrado la puerta con llave. Él la había seguido y, en voz muy baja, le había pedido que abriera la puerta, aunque Miley había sabido distinguir la impaciencia que había en su voz. Cuando minutos más tarde, el teléfono que tenía en la mesilla de noche había empezado a sonar, lo había desconectado rápidamente del enchufe de la pared.
Se sentía tan avergonzada de lo estúpida que había sido. Era culpa suya que aquella situación se hubiera producido. Creía que había sido la evidente atracción que sentía por Nick la que había provocado el interés de él y estaba convencida de que, sin su provocativo comportamiento, a Nick ni siquiera se le hubiera ocurrido tocarla. Habían sido sus sentimientos, sus debilidades, las que habían hecho que él se sintiera atraído por ella.

Al menos Nick había pensado en tomar precauciones. A ella ni siquiera se le había pasado por la cabeza, así que no podía culparlo de la desgracia que había ocurrido a continuación. La mala suerte parecía acompañarla. ¿Es que no había aprendido nada del nacimiento de Timothy? Seguía siendo igual de irresponsable, de ingenua y de beep.
Un sollozo se abrió pasó a través de su garganta. Se limpió los ojos, pero las lágrimas no dejaban de brotar. ¿Cómo podría volver a enfrentarse a Nick? Había sido tan amable con ella, le había regalado un día mágico. Incluso la noche anterior se habría imaginado a otros muchos hombres maldiciendo aquel desgraciado incidente, pero él había mantenido una actitud cortés. De hecho, se había mostrado como un hombre digno de ser amado.
Sin embargo, ella se había comportado como una ramera. Se merecía todo lo que le ocurriera, pero ningún hijo se merecía una madre tan poco adecuada. Aquellos pensamientos le hicieron recordar a su hijo y miró el reloj que tenía sobre la mesilla de noche. Entonces, abrió los ojos horrorizada. Eran más de las diez y Timmie siempre se despertaba sobre las siete.
Miley se levantó de un salto de la cama y quitó el pestillo de la puerta. Entonces, se detuvo. Decidió ponerse el abrigo que había llevado al restaurante antes de ir a ver a su hijo. En una casa en la que había más hombres que mujeres debía tener cuidado de cómo iba vestida en lugares públicos. Tal vez si la noche anterior hubiera sido más sensata, no habría ocurrido nada entre Nick y ella.

Al entrar en la habitación de Timmie, se encontró con Sarah, la niñera. Estaba vistiendo al pequeño, Miley se sorprendió mucho, dado que había pensado que la niñera solo había acudido a cuidar de su hijo por un día.
—Buenos días, señorita Sansom. ¿No le parece que son preciosas estas ropitas? —comentó Sarah, como si no hubiera nada raro en que Miley se presentara con un abrigo de piel sintética sobre el camisón. Le mostraba una chaquetita azul marino, bordada con un perrito y un par de pantalones a cuadros—. El señor Jonas ha hecho que traigan una amplia selección de prendas para Timothy esta misma mañana.
Miley notó que lo de «Timothy» se iba extendiendo poco a poco. ¿Que Nick había comprado ropa para su hijo? ¿Es que no se daba cuenta de que Miley no estaba en posición de devolverle tanta generosidad? Aunque ansiaba tomar a su hijo entre sus brazos, se dispuso a salir de la habitación

—Voy a vestirme.
Sin embargo, al entrar en su propio dormitorio, se dio cuenta de que había una gran cantidad de cajas y de bolsas sobre la cama y que dos criados estaban muy ocupados abriéndolas. Atónita, frunció el ceño. ¿Qué estaba pasando?
—Me alegro de que te hayas puesto el abrigo, bella mía —dijo una profunda voz a sus espaldas—. No quiero que nadie más que yo te vea con ese camisón.
Rápidamente, Miley se dio la vuelta.
—Por el amor de Dios, ¿qué están haciendo esos hombres?
—Están desenvolviendo tu nuevo guardarropa... ¿qué si no?
—¿Qué nuevo guardarropa? —preguntó ella, sin comprender.
Se sentía como si se hubiera despertado en un mundo completamente distinto de lo que debería haber sido.
—El que compramos ayer.
—¿Me estás diciendo que... había más que ese vestido y el abrigo que me puse anoche? —susurró Miley, atónita.
—Dio mio, pues claro que había más. No tenías más ropa que la que llevabas puesta —señaló Nick secamente.
—Pero no puedo consentir que...
—Perdona...
En aquel momento, Nick se dirigió a sus criados y les habló en griego. Los dos hombres dejaron inmediatamente su tarea y se marcharon. Entonces, cerró la puerta.
—En estos momentos, tenemos algo más importante de lo que preocuparnos —le dijo, tomando los dedos de ella entre los suyos.
Miley no podía apartar la vista de la gran cantidad de cajas y bolsas que había encima de la cama.
—No puedes hacer esto, Nick... No está bien...
—Miley . Dentro de quince minutos una tal señorita Elliott va a venir a vernos y necesitas vestirte enseguida. Te sugiero que te pongas uno de tus nuevos conjuntos.
—¿Quién es esa señorita Elliott?
—Es la asistente social a la que habrías visto sí te hubieras quedado en el hospital.
—¿Cómo descubrió que yo estaba en tu casa?
—Yo informé al doctor Coulter, que es amigo mío, de que te había traído aquí.
—¡Pues menudo amigo! ¡Me ha vendido a las autoridades! —exclamó Miley, sintiendo que no le quedaba mucho para echarse a llorar.
—¡Por Dios! ¿Quieres dejar de hablar como si fueras una delincuente? En estos momentos Timothy y tú estáis bien aquí, pero es natural que se hagan pesquisas para establecer ese hecho.
—Me lo van a... me lo van a quitar...
—Nadie te va a quitar a tu hijo, Miley—le pmrometió Nick mientras la agarraba con fuerza de los hombros—. Te lo juro. Ahora, recobra la compostura y baja enseguida.
—No puedo...
—Estás hablando como una niña —dijo Nick, con cierto tono de censura en la voz—. Este asunto se resolverá sin problema alguno. Una vez que yo informe a esa mujer de que tengo la intención de casarme contigo, comprenderá enseguida que ni tu hijo ni tú volveréis a necesitar de su ayuda.
—¿Que vas a decirle que nos vamos a... casar? —preguntó ella, al tiempo que se soltaba de él.
—Y cuanto menos digas sobre el asunto, mejor. ¿De acuerdo?

Con eso, Nick se dirigió hacia la puerta y salió de la habitación antes de que ella pudiera reaccionar. Parpadeó y poco a poco fue comprendiéndolo todo, aunque la sorprendía que estuviera dispuesto a mentir de aquella manera por ella. Sabía que aquella afirmación satisfaría con creces cualquier preocupación que la asistente social pudiera tener sobre el futuro de su hijo. Jonas era un hombre rico, respetado y famoso por sus obras de caridad. En un abrir y cerrar de ojos, se había convertido en un marido de cuento para ayudarla. También era muy listo. Miley se sintió muy emocionada de que fuera capaz de inventar una historia de ese calibre solamente para ayudarla. Sin embargo, aquello no significaba que estuviera dispuesto a hacer realidad aquellas palabras. De hecho, seguramente deseaba no haberla conocido, a juzgar por cómo se habían desarrollado las cosas entre ellos.
Lo menos que podía hacer era parecer una mujer que estaba a punto de casarse con un hombre muy rico. Eligió un vestido y una chaqueta color turquesa y buscó entre ellas cajas hasta que encontró unos zapatos que hacían juego. No podía imaginarse que el se hubiera gastado tanto dinero en ella. Era una locura. De verdad no tenía ni idea del tipo de vida que ella en teoría llevaba ni los ambientes en los que debía moverse. ¿Dónde iba a ella a poder ponerse todos aquellos trajes y vestidos de noche tan maravillosos?
Cuando estuvo vestida, vio que ni Timmie ni su niñera estaban ya en el cuarto del niño, por lo que se dispuso a bajar las escaleras. Lo hizo con mucho cuidado, dado que los tacones que llevaba eran muy altos. Además, se sentía muy nerviosa por la visita.
Antes de entrar en el salón, se vio reflejada en uno de los espejos del vestíbulo y casi no se reconoció. Su nueva imagen transmitía clase y dinero.
En aquel momento, se abrió una de las puertas que daban al vestíbulo.

—Miley... date prisa —dijo Nick, con cierta exasperación.
Aun hablando de aquella manera, resultaba un hombre hermoso.
La joven entró en el salón. Allí, vio a una mujer rubia, madura, con fríos ojos azules y un aire de eficiencia. Enseguida, la mujer se dirigió a ella.
—¿Es usted la señorita Cyrus? —preguntó, mirándola de arriba abajo con la duda pintada en el rostro.
—Sí.
Timmie estaba sentado en una alfombra, jugando. Al ver a su madre, lanzó un grito de alegría y extendió los brazos. Con aquella ropa tan bonita, parecía un niño que había nacido con toda la vida resuelta.
Tras tomar a su hijo en brazos, se sentó y se lo colocó en el regazo. Lo abrazó muy fuerte y, al mismo tiempo, dejó que la barbilla le descansara sobre la cabeza del pequeño.
—El doctor Coulter me ha informado de que, por el momento, usted está viviendo aquí —comentó la mujer—. ¿Es eso cierto?
—Miley y yo nos vamos a casar —afirmó con la mayor tranquilidad del mundo.

Con aquello fue más que suficiente. La asistente social se quedó boquiabierta. Entonces, consultó el expediente que llevaba en una carpeta y miró a Timmie. Por último, observó a Nick y sonrió.
—Estoy encantada de que la situación se haya resuelto de este modo. Timmie parece estar muy feliz.
—También espero adoptar a Timothy como hijo mío —le aseguró Nick.
La mujer asintió lentamente. Después de desearles todo lo mejor para el futuro, se levantó y se dispuso a marcharse. Miley dejó que fuera Nick el que se pero cupara de acompañarla a la puerta. Unos minutos más tarde, Nick volvió a entrar en el salón.
—La señorita Elliott ha dado por sentado que Timothy era hijo mío.
Miley se sonrojó y se puso de pie de un salto. Aquella posibilidad no se le había ocurrido, pero en cuanto Nick lo comentó, comprendió inmediatamente el modo en que la asistente social había reaccionado.
—¿De verdad? ¿Te dijo algo mientras se marchaba?
—No tuvo que nacerlo. Lo llevaba escrito en el rostro. Supongo que Timothy tiene el cabello oscuro y esa explicación hace que nuestros planes de boda le parezcan mucho más lógicos. Sin embargo, no me gustaría que nadie creyera que yo sería capaz de tratar a la madre de mi hijo como el padre de tu hijo te trató a ti. Por eso le dije que tenía la intención de adoptar al niño —añadió, mientras cruzaba la sala y se acercaba a contemplar al pequeño, cuyos enormes ojos azules empezaban a reflejar el agotamiento—. Es sorprendente. Se pasa la mitad de la mañana comiendo, lavándose y vistiéndose y. en cuanto está preparado, lo único que quiere es volver a la cuna.

—Siempre ha dormido mucho —dijo Miley, agradecida por aquel tema de conversación—. Es un niño muy bueno. Y tú te portaste muy bien delante de la señorita Elliott. Has sido muy convincente. Sé que no dijiste todo eso sobre tú y yo en serio, pero te estoy muy agradecida. Pase lo que pase, te aseguro que no volveré a correr el riesgo de que me quiten a mi hijo.
Nick la contempló con una expresión tensa en el rostro. Entonces, frunció el ceño.
—Creo que hemos estado hablando sin llegarnos a entender completamente. Cuando hayas llevado a Timothy para que se eche su siesta, volveremos a charlar sobre este asunto.
¿Qué significaba aquello? Miley notó que, de repente, había empezado a notar lo dominante que podría ser la personalidad de Nick. Daba órdenes de una forma innata, algo que seguramente había formado parte fundamental de su infancia.
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Chica/os: Penultima parte de la maraton antes de irme a dormir espero que les agraden y subanme el animo, son las unicas que pueden las amitoo <3 palabrarara xdd :O si se me habia olvidado la cuenta oficial de la mama de Miley (@moomytish) sigue a 3 cuentas Niley y sigue a los 3 jonas Oh Si.

                                    Vary

"Ελληνικό Πάθος" Cap.8 HOT

he oido que Timothy lloraba... ¿está bien? —preguntó Nick.
—Sí, sigue dormido —le dijo Miley, en un hilo de voz.

El cabello de ébano de Nick estaba alborotado, su fuerte mandíbula oscurecida por el nacimiento del vello y sus ojos estaban tan brillantes como siempre. Parecía un sexy bucanero, fuerte y masculino. Miley se sintió incapaz de moverse, como si se hubiera quedado pegada a aquel sitio, y no dejaba de mirarlo, con los labios ligeramente entreabiertos. Si le había resultado imposible dejar de mirarlo cuando estaba vestido, el desafío era aún mayor cuando estaba medio desnudo. Aunque sabía que no debía mirarlo de aquel modo y se sentía muy avergonzada por su propia fascinación, no podía dejar de hacerlo.
Parecía que el corazón le estaba latiendo en la garganta. Nick era magnífico. La dilatada mirada de Miley iba desde sus anchos y suaves hombros, los rizos oscuros que le adornaban liberalmente el torso, pasando por su firme vientre hasta la cinturilla de los bóxer, que ceñían sus esbeltas caderas y parecían desafiar su curiosidad, Miley se detuvo ahí, horrorizada.
Con los ojos más brillantes que nunca. Nick se acercó a ella. Iba descalzo y no hizo ni un solo ruido mientras caminaba. La tranquilidad se había convertido en un silencio eléctrico, vivo con peligrosas vibraciones. Solo entonces se le ocurrió a Miley que su ligero camisón no era la prenda de vestir adecuada para presentarse delante de un macho tan apasionado. Las mejillas le ardían fieramente y, como protección, Miley dobló los brazos y se cubrió el pecho.

—Debemos estar en igualdad de condiciones, cara —susurró él.
Entonces, le agarró suavemente las muñecas y se las apartó. Durante unos minutos, le dedicó una intensa mirada de apreciación.
Miley sintió que el aliento la ahogaba en la garganta. Sabía que estaba contemplándole los senos, que se dibujaban claramente por lo ajustado que le estaba el cuerpo del camisón, y sintió la quemazón de su propia mortificación.
Nick exhaló un profundo y gutural sonido. Entonces, extendió la mano y tiró de ella. La estrechó contra él, colocándole las manos en las caderas para conectar más íntimamente su feminidad con la plenitud de la fuerza de su erección.

—Espero que estés de humor para satisfacer a un hombre muy hambriento, bella mía —gruñó Nick, segundos antes de que tomara la boca de ella entre sus labios con arrolladora pasión.
— ¿Podrías apagar las luces? —susurró, con voz temblorosa.
—No... quiero verte —afirmó Nick.
—¿Verme? —preguntó Miley completamente asombrada por aquel concepto.
—No tienes nada que esconder. No puedes. Y me gusta así. Gozo con el hecho de ver que sientes todo lo que me demuestras...
—¿Sí? —musitó ella.
Enseguida, bajó los ojos. Se sentía presa de una intensa mortificación...
—Mírame... —insistió Nick. Miley cerró los ojos—. Miley... si me deseas, mírame.

Durante un instante, ella se sintió como un juguete que Nick controlaba. Abrió los ojos y vio que él se tumbaba sobre la cama, dominante y masculino, pero absolutamente irresistible. Miró... claro que miró. Se sentía literalmente inmovilizada por el poder de aquellos ojos azules.
Con una profunda risotada de satisfacción. Nick dejó que la punta de la lengua acariciara suavemente los labios de Miley, para luego deslizarse entre ellos, con un erótico movimiento que hizo que el corazón de la joven latiera a toda velocidad. Entonces, se incorporó ligeramente y se despojó de los calzoncillos. En aquel momento, Miley se sonrojó aún más. Nunca antes había visto a un hombre en aquel estado, ni había querido hacerlo, pero allí estaba, con el sexo completamente erguido. Parecía haber más de lo que ella, en su ingenuidad, había esperado.
—¿Qué pasa? —preguntó Nick, al notar algo extraño inmediatamente.
—Nada..

Ya se había resignado ante la perspectiva del dolor, pero se consoló al pensar que, lo que ella había creído que se desarrollaba durante horas, apenas sobrepasaba el minuto.
Nick se cernió sobre ella con la gracia de un depredador. Volvió a juguetear con la boca de la joven, mientras con una mano le acariciaba suavemente un pecho y hacía que su rosada cima se irguiera de nuevo entre sus dedos. Toda la aprensión que ella estaba sintiendo en aquellos momentos desapareció mediante un largo suspiro, mientras las caderas se le levantaban de la cama en un movimiento instintivo más viejo que el propio tiempo...
—Quiero torturarte de placer, bella mía.
Deslizó un dedo entre los labios entreabiertos de Miley. Ella lo lamió instintivamente. Poco a poco, el deseo volvía a despertarse dentro de ella.
—Quiero que me supliques —añadió Nick, frotándose contra ella para que pudiera sentir la dura y potente fuerza de su excitación—. Va a ser una noche muy larga...
Miley se sintió reaccionar ante aquellas palabras de amenaza sensual. Sintió que, de nuevo, se deshacía por dentro, que era esclava de aquella voz, del cálido aroma que emanaba de él y de las seductoras sensaciones que estaba experimentado al notar aquel poderoso cuerpo contra el suyo. Entonces, ella levantó la mano y le tocó una mejilla. Le encantaba tocarlo, sentirlo contra sus dedos. Se sentía totalmente vinculada a él, atrapada por aquellos maravillosos ojos, en trance...
Nick giró la cabeza y atrapó uno de los dedos de la mano de Miley entre sus labios. De repente, ella ya no pudo resistirlo más y apartó el dedo para encontrar aquella seductora boca sólo para sí misma. Hundió los dedos en aquel glorioso cabello oscuro y dejó escapar un gemido mientras Nick le devoraba la boca con ardiente pasión. Anhelaba sentirlo, estaba experimentando un deseo que nunca había sentido antes, deseaba que Nick le diera lo que nunca antes le había interesado...

—Nick, por favor... —gimió.
—Todavía no —le aseguró él, mientras le acariciaba dulcemente los músculos del vientre. Entonces, al notar el fin del trazo de una cicatriz, se detuvo—, ¿Qué es eso?
—Cuando Timmie nació, me hicieron una cesárea.
—No importa. No por eso eres menos hermosa...
Nick siguió con su exploración y dejó que las yemas de sus dedos flirtearan seductoramente con el vello que cubría la dulce feminidad de Miley. Cuando vio que ella, automáticamente, separaba las piernas, no pudo contener una carcajada.
Entonces, localizó el pequeño centro del placer máximo y lentamente, empezó a estimularlo. Aquellas caricias volvieron loca a Miley. El placer explotó dentro de ella a medida que aquella dulce rosa se iba abriendo estirándose... No podía hablar, ni hacer nada que fuera más allá de sentir aquella desesperante necesidad. Cuando parecía estar a punto de alcanzar la cima de unas sensaciones que no había experimentado con anterioridad, Nick se detuvo, negándole lo que ella más deseaba. Cada vez que repetía los mismos gestos, iba un poco más allá, se aferraba a él y estaba a punto de derramar lágrimas de frustración por no poder comprender lo que le estaba ocurriendo a su propio cuerpo.
—Por favor, te deseo ahora...
Nick acarició la henchida humedad que tenía entre las piernas y dejó que un dedo la penetrara una, dos veces hasta que ella gritó más allá del control, sin pudor alguno.
—Estás caliente, húmeda y tensa, amore...

Entonces, le colocó las manos sobre las caderas y le colocó una almohada debajo para levantarla un poco más. Tras unos momentos de espera, Miley se dio cuenta de que él se había estado colocando un preservativo. Sin embargo, antes de que pudiera reaccionar, Nick se lanzó sobre ella con pasión, inclinándola para que pudiera recibirlo en un ángulo que la sorprendió. La penetró de un solo movimiento, que la volvió loca de placer. Gemía de impaciencia, esperando que él volviera a moverse dentro de ella. Cuando él volvió a repetirlo, sintió una excitación física salvaje y apasionada que no había experimentado jamás.
—Santo Cielo... cómo te deseo...
La intensidad de su propio placer estuvo a punto de volverla loca. Nick se movía sobre ella con una fuerza rítmica que la hacía arder de deseo, gemir y luchar por conseguir aire. No parecía poder experimentar nada más que los poderosos movimientos de Nick dentro de su delicada feminidad y el modo en que le latía el corazón por el gozo que le producía aquella posesión. Poco a poco, Nick fue enviándola hasta la cima del éxtasis. Sintió un clímax tan fuerte que le pareció que se había roto en un millón de pedazos.
Nick contempló el placer que ella llevaba escrito en el rostro y sonrió.

—Nunca había sabido... —musitó ella—. No sabía que... pudiera sentir de ese modo...
—Una y otra vez, bella mía —susurró Nick. Entonces, la hizo tumbarse sobre el vientre, antes de que ella pudiera comprender lo que tenía la intención de hacer—. Déjame demostrártelo.
—Nick...

Se sentía completamente asombrada al ver que él hacía que se colocara de rodillas. Volvió a penetrarla de nuevo. Miley estaba tan erotizada por las sensaciones corporales que había experimentado antes y por la sorpresa ante aquella nueva postura, que dejó escapar un grito de asombro.
—¿Te hago daño?
—No...
Miley cerró los ojos, tratando de convencerse de que no estaba haciendo aquello. Sin embargo, no podía creer el placer que volvió a surgir dentro de ella. A los pocos segundos, se sintió de nuevo lista para empezar. Ya no le importaba ni la preocupaba nada. Era una criatura esclavizada por las sensaciones. La excitación la tenía prisionera en una celda que Nick controlaba tan completamente que ella no era capaz de reaccionar ni de pensar. La segunda vez que el gozo se abrió camino a través de ella, no pudo reconocerse a sí misma como la mujer que gemía y ladeaba de aquella manera. La experiencia resultó aún más excitante al sentir que él temblaba encima de ella y oír que lanzaba un grito de placer al alcanzar él mismo su propio clímax.
En aquel momento, Miley se dejó caer sobre el colchón. Nick le dio la vuelta solícitamente y la cubrió con la sábana. Entonces, la acurrucó contra sí. Miley sentía que la piel de él desprendía un olor que ya le resultaba muy familiar y no pudo evitar besarle suavemente el hombro. Gozaba con aquella proximidad física. El silencio no la molestaba. Lo que acababa de compartir con Nick había sido una revelación para ella, tanto que le resultaba imposible reaccionar.

—No tienes mucha experiencia, ¿verdad? —le preguntó Nick. Por primera vez. Miley pareció notar cierta tensión en sus poderosos músculos
—No —susurró, preguntándose si aquella reacción se debería a que la había encontrado poco excitante.
—¿Cuándo fue la última vez que lo hiciste? —quiso saber él, colocándola frente a frente para poder verle bien el rostro.
—Hace mucho tiempo... —dijo ella.
Se sentía tan vulnerable...
—¿Cuánto tiempo?
—Desde la noche que me quedé embarazada.
—¿Desde la noche en que...?
—Y aquella fue también mi primera vez...
—¿Me estás diciendo que te quedaste embarazada la primera vez que hiciste el amor? —exclamó Nick, atónito.
—Sí. Algunas veces ocurre —musitó ella, incapaz de averiguar que interés podría tener él en un tema como aquel.
Se sentía avergonzada, pero al mismo tiempo, necesitaba que él supiera que no era promiscua.
Con un delicado gesto, Nick le apartó un rizo de la cara. Entonces, ella notó que tenía un cierto temblor en los dedos.
—¿Estás tomando en la actualidad alguna medida para no quedarte embarazada? —inquirió. Sorprendida, Miley negó con la cabeza—. Ya me parecía... Casi eras virgen. No era de extrañar que todo te dejara tan atónita. No tenías ni idea...
—No, yo...
—Y sigues sin tenerla.
—¡Claro que la tengo! —protestó Miley, febrilmente—. Tal vez antes no, pero ahora sí. Pensaba que el sexo era horrible hasta esta noche... ¿qué ha sido lo que he hecho mal?
Nick cerró los ojos. Tenía una expresión de dolor en el rostro. Entonces, se dejó caer sobre los almohadones con un profundo gruñido.
—No has hecho nada mal. Yo lo hice todo. El preservativo se rompió...
Al escuchar aquellas palabras, Miley sintió que el pánico se apoderaba de ella. Comprendía lo que significaba y las consecuencias que aquello podría ocasionarle. Entonces, se quedó pálida como la muerte.

De repente. Nick se levantó de la cama con un ágil movimiento y se dirigió hacia el cuarto de baño.
—Vamos, ahoguemos nuestras penas en la ducha —sugirió, en tono de broma.
—Dentro de un momento.
En el momento en que Nick desapareció de su vista, Miley estuvo a punto de caerse de la cama por la celeridad con la que se movió para abandonarla. Rápidamente se volvió a poner el camisón y se marchó a su habitación, poseída por una mezcla de pánico y vergüenza de los que no quería que nadie fuera testigo.
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Chica/os: Segunda parte de la maraton  y comenten, les pido por que necesito animo :( me siento deprimida al ver los resultados de los ultimos dias en el cole mi curso entero tubo nota roja incluyendome a mi que en toda mi vida habia tenido una nota roja D: depresion al maximo, ademas hoy haciendo la tarea de fisica me sentia tan estupida al no entenderla pero buueh D: hecho de menos los comentarios de mi Anita, donde estas corazon? D: IMissYou!

                           Varyy

"Ελληνικό Πάθος" Cap.7 HOT

—Estás preciosa, cara... —susurró él. Entonces, tomó de una silla una prenda que parecía de piel y se la colocó alrededor de los hombros—. Y ahora pareces una reina...
Había espejos por todas partes. Cuando Miley se miró, vio un hermoso y suave abrigo de piel sintética en color crema, que le llegaba hasta media pierna, y que proporcionaba un bellísimo contraste con el color de su cabello.
—¿Te ganas la vida haciendo que se cumplan los sueños de los demás? —le preguntó a Nick a través del espejo. Al verse junto a él, se echó a temblar y recordó que los sueños nunca duran—. Deberías hacerlo.
—Todavía no ha terminado el día.
En realidad, ya era bien entrada la tarde. Miley no se había dado cuenta de lo tarde que era hasta que salieron de la tienda y vio que ya había anochecido completamente.
—¿Está abierta esta tienda siempre hasta estas horas?
—No. Hoy ha estado abierto solo por nosotros. Ahora, iremos a cenar.

Ezio se incorporó al verlos llegar. Estaba apoyado sobre el capó de la limusina. Al mirar a Miley, su rostro se tensó y se dio la vuelta.
—¿Por qué me ha mirado Ezio de ese modo? —susurró ella, muy afectada.
—Ezio no debería mirarte de modo alguno —replicó Nick, con dureza.
La llevó a un restaurante que parecía ser de los más exclusivos de la ciudad. El maître se acercó rápidamente para saludar a Nick, por lo que Miley dedujo que era un cliente habitual. Mientras avanzaban entre las mesas, la suave conversación desapareció secamente, dejando una sensación incómoda. Todas las cabezas parecían estar pendientes de ellos.
—¿Por qué me da la sensación de que todos nos están mirando?
—Te estás mirando a ti —respondió Nick
—¿A mí? —replicó Miley, atónita.
—Están especulando con tu identidad. Estás muy hermosa con ese vestido...

Al oír aquellas palabras de apreciación, Miley sintió que el corazón le latía aún con más fuerza y sonrió. No creía que nadie tuviera el más mínimo interés por ella, pero aceptó el cumplido.
Cuando se hubieron sentado, se puso a estudiar el menú que el maítre le había entregado. A pesar de que todo parecía estar en inglés, no entendía ninguno de los términos que allí se mostraban.
Cuando llegó el camarero, Miley se sentía al borde del pánico. Todavía estaba buscando frenéticamente un plato que pudiera reconocer.
—Yo te recomendaría el sorbete —murmuró Nick.
—Oh, sí... creo que me gustaría —dijo Miley, aliviada.

Nick estaba charlando animadamente con ella cuando le colocaron enfrente algo que parecía un pudín en una copa muy alta. Trató de no parecer sorprendida y no le prestó atención. Sin embargo, no conseguía saber cuál de los cubiertos debía utilizar. Mientras tanto, Nick se estaba tomando tranquilamente una sopa.
—En realidad, no tengo mucha hambre —dijo, cuando el sorbete empezó a perder su consistencia, a pesar de que se sentía verdaderamente hambrienta.
Cuando llegó la hora de elegir el siguiente plato, decidió mostrarse más segura de sí misma.
—Tomaré una ensalada —afirmó, aunque enseguida lamentó haberlo hecho. Aquello parecía ser un plato especial y se produjo un gran revuelo para decidir el tipo de ensalada que quería tomar. Miley se moría por decir que simplemente le bastaba con un poco de lechuga.

Supo que había utilizado los cubiertos equivocados para tomarse la ensalada porque, cuando los agarró, el camarero se inclinó sobre ella para retirárselos. Sin embargo, decidió pretender que no se había dado cuenta. Al menos, pudo comer algo.
Cuando llegó al postre, se sintió mucho más tranquila. No había duda alguna de que chocolat querría decir chocolate. A los pocos minutos, el camarero le llevó lo que había pedido. Era algo parecido a una tela de araña, que cubría una especie de concha que contenía algo que no era capaz de tomar, y un montón de hojas y bayas que adornaban el plato. Estas últimas sabían a veneno puro y le quitaron las ganas de probar el resto.
—Deberías comer más —le dijo Nick, sin tocar las hojas y las bayas que había en su plato y tomando directamente una porción de merengue con un tenedor.
¿Un tenedor?

Miley apartó el plato y decidió que el hambre era mejor que la vergüenza pública. Decidió que, en cuanto todos se hubieran ido a la cama, iría a asaltar el frigorífico que había visto en la cocina.
En la puerta del restaurante, Nick le rodeó los hombros con el delicioso abrigo. Aquella atención tan personal la hizo sentirse muy importante, pero recordó que, solo dos noches antes, había estado vagando por las calles, hambrienta y asustada. Aquel pensamiento le ayudó a volver a poner los pies en el suelo. Aquel era el mundo de Nick, no el suyo.
Recordó que el beso que él le había dedicado antes solo había sido un coqueteo. Él era un hombre muy atractivo y solo había estado flirteando con ella. Al entrar en la limusina, pensó en su hijo. Timmie, que no era lo suficientemente sofisticado como para pertenecer a aquella clase y al que se le había llamado Timothy, era su verdadero mundo, junto con los pequeños estudios, los caseros, los trabajos interminables y aburridos...
A pesar de todo, contempló a Nick una vez más, tratando de almacenar imágenes para el futuro. No sólo era su atractivo, su innata elegancia; tenía un aura de seguridad en sí mismo que transmitía a ella también. Nada podía ir mal mientras estuviera a su lado. ¿Era posible enamorarse tan rápidamente? Tanto si lo era como si no, tendría que olvidarse de sus sueños de adolescente, de los lujos... Sin embargo, por mucho que se esforzaba, no conseguía dejar de mirarlo.
—No tienes por qué conformarte solo con mirar, cara —murmuró él de repente—. Puedes tocar también.
Atónita. Miley se quedó inmóvil. El rubor volvió a cubrirle el rostro. Con aquellas palabras, se sentía como si Nick la hubiera desnudado delante de una divertida audiencia. Sabía que meterse en la cama con Nick Jonas sería la mayor de las equivocaciones. No solo fracasaría a la hora de transmitirle la imagen que había querido darle de sí misma, sino que se sentiría humillada y barata después.

—¿Para eso me has dado un día de cuento de hadas? —replicó.
—Claro que no —respondió él, tensando el rostro.
—Me has vestido como si fuera una muñeca y me has hecho probar una muestra de lo que presumiblemente, a ti te gusta —prosiguió ella, tratando de aguantar los sollozos que se abrían paso en su interior—, pero yo sigo siendo la misma. Tal vez, no sea muy especial, pero si hubo algo que aprendí de Justin fue que tengo que respetarme más a mí misma.
—En estos momentos, no quiero oír hablar de ese novio tuyo —replicó él, lleno de mordacidad—. Sin embargo, puedes estar segura de que nunca he tenido que chantajear a una mujer para que se metiera en mi cama.

Miley creyó aquellas palabras. No obstante, sabía que si volvía a hablar, se echaría a llorar y quedaría todavía más en ridículo. Cuando la limusina llegó a la casa, se bajó de ella rápidamente y empezó a subir las escaleras antes de que Nick hubiera podido entrar en la casa. Se dirigió directamente a su habitación. Lo primero que hizo fue ir a ver a su hijo. El niño estaba profundamente dormido y Miley decidió que, al día siguiente, se iría directamente a los servicios sociales para buscar un trabajo. El día siguiente sería el comienzo de una nueva vida.

Bajo la ducha, dio rienda suelta a sus lágrimas. ¿Cómo podía haberse sentido tentada? Había sido un día mágico, pero Nick no era muy diferente del resto de los hombres que había conocido. Estaba programado por sus hormonas y siempre dispuesto a aprovecharse de las mujeres.
Se puso el camisón de seda blanco que había llevado la noche anterior. Le quedaba algo estrecho, sobre todo en el escote, pero no tenía intención alguna de bajar vestida de aquella guisa a la calle. Se metió en la cama, pero no consiguió dormir. Entonces, oyó un suave sollozo que procedía de la habitación de Timmie. Rápidamente, salió de la cama para ver cómo estaba su hijo.

El niño seguía dormido. Cuando comprobó que estaba bien y que dormía tranquilamente, decidió que, seguramente, solo había sido un mal sueño. Se dispuso a volver a su dormitorio, pero entonces, en la puerta que comunicaba la habitación con el pasillo, se quedó petrificada al ver a Nick, de pie en el umbral, vestido solo con un par de calzoncillos bóxer de color negro.
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Chica/os: Siento no subir ayer por que he tenido mucha mucha tarea hoy me levante a las 9 de la mañaan y termine a las 7 pm me fui a duchar y recien me termine de secar el pelo cenar y acostar es la primera parte de la maraton...si asi es una mataron por no haberles subido ayer.
            
     Varyy



jueves, 17 de marzo de 2011

"Ελληνικό Πάθος" Cap.6 HOT

Miley sintió la cálida mirada de Nick sobre ella. Al levantar los ojos, sintió que Justin desaparecía tan rápidamente de sus pensamientos como si no hubiera existido nunca. Nick estaba tan cerca de ella que casi no podía ni respirar. Bajó de nuevo los ojos y los centró sobre la sensual boca de su protector y, sin poder evitarlo, sacó ligeramente la lengua para humedecerse los resecos labios. Nunca en toda su vida se había sentido tan desesperada, tan ansiosa por sentir los labios de un hombre sobre los suyos. El deseo era casi insoportable.
—No serán mis puños lo que tengas que temer de mí —murmuró Nick, de repente—. Yo soy mucho más imaginativo, aunque probablemente también más peligroso...
«Por favor, por favor, bésame. No me importa», pensó Miley, sin poder evitarlo. Entonces, el mágico momento se rompió cuando él se volvió para contestar el teléfono. Ni siquiera lo había oído sonar, tan fuerte había sido el contacto que se había producido entre ellos.

Miley la llevó primero a un exclusivo salón de peluquería para que le arreglaran el cabello.
—¿Cortárselo? —dijo, incrédulo, repitiendo las mismas palabras de la estilista—. ¿Tanto?
Sin pensárselo dos veces, agarró a la joven de la mano y tiró de ella rápidamente para sacarla del salón.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Miley, avergonzada, al notar que todo el mundo se volvía a mirarlos.
—No te pienso dejar en manos de una lunática a la que le encanta utilizar las tijeras...
En aquel momento, una voz femenina rompió el silencio que parecía rodearlos.
—¡Nick!
Una impresionante morena, con ojos felinos y unos labios de vampiresa se acercó a ellos. Sin embargo, a pesar de su elegante porte, se notaba una cierto pánico en su actitud.
—Esa estúpida recepcionista no te ha reconocido, ¿verdad? Que tú salgas de mi salón con el ceño fruncido es muy malo para mi negocio.
—¡La mejor de tus estilistas quiere cortarle esa presiosa melena! —exclamó él, señalando a Miley
—Evidentemente, se trata de una mujer sin imaginación. Yo me ocuparé personalmente de ella. En realidad, solo necesita que se le dé un poco de forma. ¿Quién es? ¿Una de tus primas de Grecia? —añadió la mujer, como si Miley fuera muda.
—Casi no habla inglés —afirmó Nick, ante la incredulidad de Miley, que casi no podía dar crédito a lo que estaba escuchando.
—Supongo que tendrá nombre. Yo me llamo Sly —dijo la mujer, extendiendo una mano, con una manicura perfecta, a la asombrada Miley
—Se llama Fiammetta —dijo Nick, sin inmutarse—. Es muy tímida. Me gustaría que también la maquillaras...
—¿Qué edad tiene?
—La suficiente para poder parecer una mujer —respondió Nick, con voz profunda.
—En ese caso, supongo que estarás pensando hacer algo con respecto a la ropa que lleva puesta —replicó la dueña del salón, entre risas.

Quince minutos más tarde, Miley estaba sentada delante de un espejo mientras Sly le cortaba el cabello con exagerado cuidado.
—Lo que Nick quiere, Nick lo consigue...

Dado que Miley no conocía ni una sola palabra de italiano con la que contestar y no se atrevía a imitar el acento, apretó los labios y guardó silencio. Cuando pudiera estar con Nick a solas, le iba a echar una buena reprimenda por lo que le estaba haciendo. ¿Por qué había tenido que privarla de la habilidad de hablar?
—Ojala yo hablara griego—suspiró Sly—. Me apuesto algo a que tú conoces todos los detalles de la historia. Daría mi brazo derecho por conocer los sucios entresijos de la caída de Selena. Los rumores resultan tan intrigantes...
¿Quién era Selena? ¿Sería alguna ex novia de Nick? Decidió apretar los dientes y aguantar estoicamente la sesión de peluquería y maquillaje. No pudo verse hasta el último momento. Entonces, se limitó a contemplarse con incredulidad. La transformación era increíble.
—Soy la mujer en mi profesión, aunque esté mal que lo diga yo misma —comentó Sly, a! notar el asombro de la ¡oven.
Le había aplicado una sombra grisácea en los párpados, lo que le daba una dramática profundidad y hacía que el color de los ojos resaltara aún más. Sly había conseguido que los pómulos le destacaran como si fuera la modelo de una revista y su boca, maquillada de rosa, parecía tan jugosa como un melocotón.
Nick estaba esperando en recepción, hablando en italiano a través de su teléfono móvil. Al verla, bajó el teléfono y una suave sonrisa se reflejó en su hermosa boca.

—Bella Fiammetta...
En aquel mismo momento, Miley supo que se había enamorado desesperadamente de él. Se sentía luminosa, con una bombilla en medio de la oscuridad. Y era él quien le daba la corriente necesaria para brillar, él el hombre que, por primera vez en dos años, había conseguido que se sintiera orgullosa de sí misma.
Tras colocarla una mano en la espalda, la acompañó de nuevo a la limusina.
—¿Por qué le dijiste a Sly esa mentira de que yo era griega. —le preguntó Miley, tratando de encontrar la furia que había experimentado al conocer a la estilista. Sin embargo, no pudo hallarla.
—Es la chismosa mayor de toda la ciudad. Podría haber hecho que le contaras tu vida entera en solo cinco minutos.
—¡No podía ni hablar! ¡No sé ni una sola palabra de griego!
—Lo sé. Ha sido una jugada muy inteligente por mi parte, ¿verdad? —bromeó —. He conseguido casi el mismo efecto que si os hubiera amordazado a las dos. Sly estaba temblando de pura frustración.

Miley lo golpeó, a modo de broma, sobre las costillas. Entonces, apartó rápidamente la mano, temerosa de haberse mostrado demasiado familiar con Nick. Sin embargo, él solto una risa que el corazón de Miley le diera un golpe en el pecho.
La siguiente parada fue una boutique tan sofisticada, tan grande y con tanto estilo que, cuanto más entraban, más trataba Miley de esconderse tras Nick, avergonzada de su humilde atuendo.

— ¿Qué papel te gustaría representar aquí? ¿El de la hija de un millonario excéntrico? ¿Un miembro de una casa real europea que viaja de incógnito?
—Creo que prefiero ser yo misma, aunque me gustaría que tú te ocuparas de hablar con la dependienta —susurró Miley, al ver que una esbelta mujer se dirigía hacia ellos.
—Lo único que preocupa a todas estas personas es el color de mi dinero —musitó Nick, no sin cierto aire de amargura—. Cuanto más rico eres, más se humillan ante ti estas personas.
—Yo no sé mucho sobre eso, pero espero que no vayas a ser grosero —musitó Miley, muy preocupada.
Inesperadamente, Nick se echó a reír.

La envió sola con la dependienta a la sección de lencería. No prestó atención a los abundantes consejos de la dependienta que trataba de venderle cien artículos de cada prenda, por no hablar de cosas que Miley ni siquiera había sabido que existían. Al final, se decidió simplemente por varios juegos de sujetador y braguitas. Decidió que no necesitaba camisón, dado que había encontrado uno en la bolsa que Ezio le había dado y que le servía muy bien. No era ninguna manirrota. Su conciencia le advirtió que no estaba bien que dejara que Nick se gastara su dinero en ella. Sin embargo, lo estaba haciendo sonreír y bromear. Solo por eso, podría dejar que le comprara cien sacos de abono si era aquello lo que quería.
—Esta es la parte que me gusta más —anunció Nick, cuando Miley volvió a reunirse con él. Estaba sentado sobre un taburete, al lado de un mini bar, en una espaciosa sala que contenía una pequeña pasarela—, ¿Te apetece un poco de champán?
—¿Qué es lo que ocurre ahora? —quiso saber Miley mientras se subía con dificultad a otro taburete y aceptaba la copa que él le ofrecía.
—Las modelos muestran las creaciones. Nosotros elegimos lo que nos gusta y entonces tú te lo pruebas.
—Veo que ya has hecho esto antes —dijo ella.
Descubrió que no le gustaba la idea de que hubiera hecho aquello mismo con otras mujeres.
—Pero nunca sin que me lo pidan o me engañen para que lo haga —confesó Nick, tristemente.
—Si es eso lo que sentías, simplemente deberías haber dicho que no —afirmó Miley, asombrada de que ciertas mujeres pudieran llegar a tales extremos solo por avaricia—. Es decir, esto no ha sido idea mía y no parece estar divirtiéndote mucho más que a mí así que ¿por qué no lo dejamos ya? Por favor...
—Yo no quiero dejarlo —replicó él, agarrándole un rizo y enredándoselo en el dedo—. Quiero ver que estás hermosa...
—No puedo ser lo que no soy... —susurró ella, muy confusa.
—Tú puedes ser lo que quieras ser, cara...

Miley lo miró a los ojos y sintió que el corazón empezaba a latirle a toda velocidad. La cautela que las últimas y duras lecciones que la vida le había enseñado le obligaron a tener los pies en el suelo. Sabía que los cuentos de hadas no existían en la vida real. Sin embargo, cuando separó ligeramente los labios para tomar oxígeno, notó que Nick se acercaba a ella y que le acariciaba suavemente la boca con la punta de la lengua. Solo duró un segundo, pero sintió una corriente eléctrica que se abrió paso a través de ella e hizo que su cuerpo respondiera de un modo instantáneo, apasionado. Aquella sensación le había producido tanto placer que se echó a temblar, y se habría caído al suelo si él no la hubiera rodeado con un brazo para evitarlo.
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Chica/os: Mientras subia el capitulo veo mi DVD de Miley ahah lo podria ver un millon de veces y no me cansare jamas ahaha <3, bueno sigo asi mal dle resfrido hoy todos me decian que dijiste varyy? asdasd
yaa als quiero gracias x los comentarios. & Oren por Japon

      Varyy